“Sólo en el silencio más absoluto se empieza a oír,
sólo cuando se prescinde del lenguaje se empieza a ver”
El Gran Silencio
Dirección y guión: Philip Gröning.
País: Alemania.
Año: 2005.
Duración: 164 min.
Género: Documental.
Producción: Philip Gröning, Michael Weber, Andreas Pfäffli y Elda Guidinetti.
Música: Philip Gröning y Michael Busch.
Fotografía: Philip Gröning.
Montaje: Philip Gröning.
Estreno en Alemania: 10 Nov. 2005.
Estreno en España: 24 Noviembre 2006.
Presentada en el Festival de Venecia y premiada en los festivales de Sundance (Gran Premio del Jurado) y en los Premios del Cine Alemán (Mejor Documental), el film ha sido un gran acontecimiento cultural en Alemania, Italia y Austria, donde ha arrasado entre público y crítica.
El Gran Silencio muestra por primera vez el día a día dentro del “Grande Chartreuse” el monasterio de referencia en los Alpes franceses de la legendaria orden de los Cartujos.
Una película austera, cercana a la meditación, al silencio, a la vida en estado puro. Sin música excepto los cantos de los monjes, sin entrevistas, sin comentarios, sin material adicional. Ciento sesenta minutos de gran cine, de cine en silencio.
Cambian las estaciones, los elementos cotidianos se repiten. Una película que no solo representa un monasterio sino que se transforma en uno. Una película sobre la presencia absoluta, sobre unos hombres que entregaron su vida a Dios en su forma más pura: la contemplación.
En 1984, tras una estancia de séis meses en un monasterio cartujo, el director Phillip Groening pidió permiso a la orden para poder rodar allí. Le dijeron que era demasiado pronto. Quizás más adelante.
Dieciséis años después recibió una llamada. Había llegado la hora.
Los preparativos llevaron dos años, el rodaje uno y la postproducción dos más. Han transcurrido, por tanto, veintiún años hasta su completa finalización.
Sinopsis
“El gran silencio” muestra por primera vez el día a día dentro del Grande Chartreuse, el monasterio de referencia en los Alpes franceses de la legendaria orden de los Cartujos. Una película austera, cercana a la meditación, al silencio, a la vida en estado puro. Sin música excepto los cantos de los monjes, sin entrevistas, sin comentarios, sin material adicional. Cambian las estaciones, los elementos cotidianos se repiten. Una película que no representa un monasterio sino que lo muestra. Una película sobre la presencia absoluta, sobre unos hombres que entregaron su vida a Dios en su forma más pura: la contemplación.
Entrevista a Philip Gröning (Guionista, productor y director)
Fecha: 23/11/06 ; Autor / Fuente: RC / Karma Films
- ¿Qué fue lo que te llevó a hacer una película sobre un monasterio Cartujo?¿Cual fue tu motivación original?
Al principio la idea no era rodar una película sobre la vida en un monasterio sino sobre el tiempo. Fue después cuando vino la idea del monasterio. Entre todas las órdenes con voto de silencio los Cartujos me parecieron los más interesantes ya que cada uno se dedicaba a sí mismo. Viven en pequeñas celdas con camas de paja y todo lo que tienen como estufa es una pequeña lata; en el momento que te alejas de la lata te congelas. Por otro lado, hay una vida en comunidad muy intensa y estable. Cada día está tan bien estructurado que apenas quedan un par de horas para uno mismo. Se reza hasta por la noche. Es como la vida de un ermitaño pero en una gran comunidad.
- ¿Cómo se convirtió la idea de una película sobre el tiempo en una película sobre silencio?
Una película se basa en el lenguaje y el lenguaje se basa en el tiempo. Creo que la experiencia más profunda que un espectador puede tener al ver la película es tener la sensación de tiempo. Normalmente esta experiencia está enmascarada por la historia. En una película sobre silencio, experimentar el tiempo es algo que queda en la superficie. Nada se aleja de ese silencio. Y esto está directamente conectado con la forma en que los monjes viven, en una estructura absolutamente temporal que desaparece cuando hay que hacer algo.
- Tu película trata el tiempo en dos niveles diferentes: nosotros los espectadores tenemos un sentido real del tiempo pero también experimentamos el paso de las estaciones.
Alguien que vive siempre en el mismo lugar y cuyos días son siempre iguales experimentará obviamente las estaciones mucho más intensamente. Imagínate que pasas toda tu vida mirando por la misma ventana a un determinado jardín o a una determinada montaña. En este caso la transformación de la naturaleza y del tiempo tendrá un significado completamente diferente.
Para los Cartujos no sólo el tiempo sino también el valor del trabajo y de los objetos parecen totalmente diferentes.
Los Cartujos viven en la pobreza absoluta, pero son conscientes de su pobreza. Por ejemplo, el sastre guarda cada botón y cada trozo de tela. Cuando un monje muere los botones se reutilizan. En la película hay una escena en la que vemos la colección de botones en el taller del sastre. También hay cajas de hilos e incluso cada uno de los pequeños trozos de los hábitos de los monjes son reciclados. Si se observa de cerca los hábitos se puede ver que están hechos de pequeños trozos cosidos. Básicamente nunca se tira nada. Y todo el dinero que a finales de año no se ha gastado se dona. Así que nunca tienen dinero de sobra.
- ¿Es eso una Filosofía?
Sí, recuerdo que una vez tiré algo, no recuerdo el que. El sastre inmediatamente vino a buscarme y me preguntó que por qué había hecho eso. Me decía que si no respetaba el simple hecho de que alguien lo hubiera hecho a mano. Me preguntaba que por qué pensaba que no tenía ningún valor. En realidad no tenía nada que ver con el ahorro sino con el cuidado. Aquí se cuida todo mucho: las cosas, el tiempo, el alma, a uno mismo.
- ¿Hay alguna libertad individual en el monasterio?
¡Claro que sí! Conocí gente muy enérgica allí. En comparación con otros monjes como por ejemplo los Cistercienses, que también tienen voto de silencio, los Cartujos viven cada uno individualmente. Esta individualidad encuentra su máxima expresión en las celdas; se puede ver como Benjamín, el monje africano, ha juntado muchas cosas en tan sólo seis meses. Sin embargo, Francis vive en una celda prácticamente vacía después de siete años.
- Durante el rodaje viviste como uno de los monjes. ¿Es porque no hubiera sido posible rodar la película de ninguna otra manera o fue una decisión personal para experimentar por ti mismo el estilo de vida de estos monjes?
Quise hacerlo así porque esa era la forma de saber qué era lo que realmente esa gente hacía. Si vas allí una semana y te alojas en el hotel que está al lado, no puedes capturar este ritmo de vida y por supuesto tampoco el ritmo que una película sobre este tema debería tener. Viviendo allí varios meses pude integrarme en el ritmo de trabajo de los monjes. Hice todo yo sólo: la cámara, la grabación de sonido, transportar los 20 kilos que pesaba el equipo. A menudo tenía la sensación de que no lo conseguiría, hasta que descubría otra cosa que me fascinaba.. Por las noches estaba agotado e incluso tengo que admitir que me saltaba las oraciones nocturnas en un par de ocasiones.
- Pero al fin y al cabo estabas allí todas las noches.
Sí, los monjes cartujos no duermen ninguna noche del tirón en toda su vida. Tres horas de sueño van seguidas de dos o tres horas de oración y después a dormir otras tres horas. Nunca están verdaderamente relajados sino que siempre están concentrados. Los monjes cartujos tampoco tienen vacaciones. Ni tiempo libre. El intervalo de tiempo más largo en el que están desarrollando una actividad es la oración nocturna. Después vienen los 45 minutos de por la mañana o los 30 de por la tarde que dedican a la vida en común, junto con las oraciones que cada uno reza en su celda siete veces al día. Además, cada uno de los monjes tiene que lavarse su ropa, su plato, trabajar en el jardín, cortar madera, leer libros y cantar en el coro del monasterio. No hay otra cosa más que el tiempo para uno mismo. En el momento en que empezaba a sentir un poco de paz, sonaba una campana y había que empezar a hacer otra cosa.
- ¿Cuánto material tenías al final?
Unas 120 horas. Rodaba una cinta al día, es decir unos 49 minutos. Seguía a los monjes en su día a día pero a la vez participaba en ella ya que me lavaba mi ropa, trabajaba en el jardín, y hacía otras actividades. Al final solo me quedaban dos o tres horas para mi película. Además, intentaba no repetir ninguna de las tomas. Si alguna escena era buena no la grababa otra vez sino que todos mis esfuerzos los dedicaba a intentar evitar los clichés y no grabar el tipo de escenas que se esperan de lo que es la vida en un monasterio.
- Como os comunicabais en el monasterio si todo el mundo estaba en silencio.
En la película se ve cómo se dejan mensajes unos a otros en los cajetines de la antesala. Por ejemplo, había un monje que estaba explícitamente en contra de que yo estuviera allí rodando. En este caso yo insistí en contactar con él antes de empezar por si se oponía a mi proyecto tanto que decidiera abandonar el monasterio durante mi estancia allí porque en ese caso no haría la película. Así que le dejé notas en las que le explicaba donde y a qué hora grabaría al día siguiente para ver si así lo aceptaba. Las escenas con el jardinero o el sastre se organizaron de esta misma manera, escribiendo notas. Entre los Cartujos hay otra regla que dice que puedes hablar si es necesario para tu trabajo. Y como la película era mi trabajo me pude permitir decir algo de vez en cuando.”
- Pero eso no es un voto de silencio absoluto.
Las reglas de los Cartujos consisten en hablar lo menos posible. Hay ciertos lugares en los que uno nunca debe hablar: en la capilla, en la antesala, en los pasillos. Sin embargo hay otros lugares en los que gusta que la gente hable, como por ejemplo los paseos de los domingos. Pero ante todo uno debe mantener su soledad. Por ese motivo los talleres y las habitaciones son tan grandes. Si alguien está cortando verduras en la cocina, otro puede estar cortando también verduras apartado del primero de tal manera que prácticamente te olvidas de la presencia de la otra persona. Esto es también un claro mecanismo para hacer que sea más sencillo observar el silencio. En esta atmósfera intenté moverme lo más silencioso y despacio que pude. Al comenzar el rodaje, lo más difícil era el ruido que yo mismo hacía. En aquel silencio cualquier mínimo ruido parecía atroz. Hasta el simple roce de mi chaqueta me resultaba excesivamente ruidoso.
- Era una maravillosa idea dramática acompañar a un novicio, a una persona nueva en la comunidad.
Pero fue por pura casualidad. Acababa de llegar. Sólo tenía un par de tomas de la arquitectura cuando me infomaron que a la mañana siguiente a las 9 llegaría una persona nueva y que sería esencial que lo grabara. Sentí que era demasiado pronto para mí y no confiaba en documentar algo tan íntimo como esto. Pero no sabía si podría tener alguna otra oportunidad…
- ¿Fue el único admitido en la Orden en todo este tiempo?
No, se admitieron cuatro personas en los cinco meses que estuve allí pero no todos se quedaron. Hay muchos que piensan que quieren ser monjes pero después se dan cuenta de que no es lo más adecuado para ellos. Me atrevería a decir que cerca del 80% de los novicios abandonan y del otro 20% algunos son expulsados por los mismos monjes.
- ¿No es terrible que te expulsen de un monasterio?
En la ceremonia de admisión se deja bien claro que todo el mundo está en su derecho de marcharse y que la comunidad también está en su derecho a expulsarte. Esto también es una protección para los postulantes: si los monjes claramente ven que el postulante no puede vivir en una orden tan estricta, se le expulsa. Al principio intenté convencer a los monjes que estaban en contra de mi película de que esto sería una publicidad para el monasterio. Pero esa idea es totalmente absurda para los Cartujos. Nada puede ser peor que tener a un monje entrando en la orden y después, quizás tras 25 años, darse cuenta que esto no es el estilo de vida adecuado para él, porque entonces ¿qué hará? Además, nadie en la orden de los Cartujos está preocupado por que la orden sobreviva. Existe desde hace casi mil años. Pero si Dios desea que se acabe mañana, así será.
- ¿Por qué te mostraste en contra de comentarios en off?
No puedes utilizar el lenguaje para describir un mundo que está por encima de él. Los monjes se esfuerzan por entender las cosas. Sólo puedo esperar que el espectador también experimente esto. Pero no funcionaría así si después de cada imagen se ofrecen explicaciones de todo lo que se ve. También tenía claro que esto iba a ser una película en la que se vieran y se escucharan las cosas de manera muy precisa. Cuando estás en un monasterio empiezas a oír las cosas de forma diferente y a ver las cosas también de manera diferente.
- Como espectador uno a menudo no entiende de la manera adecuada lo que los monjes están haciendo.
No me importa. Mi película no tiene que dar respuesta a todas las preguntas. Si suscita el interés del espectador y luego van a Internet y hacen una búsqueda con eso es suficiente. Hoy en día estamos literalmente bombardeados de información. Lo que falta – y lo que uno debe descubrir en sí mismo – es el significado de las cosas. Mi película también quiere ser sobre el espectador, sobre sus percepciones, sus pensamientos, etc. También es una película sobre la contemplación. Piensa tan sólo una cosa. Los monjes pasan unos 65 años de media en el monasterio, 65 años en los que el ritual es el mismo día tras día. Yo no puedo explicar el significado de todo esto a ningún espectador. Creo que esta es la única manera de la que se podía hacer la película, sin dar ningún tipo de indicaciones al espectador. Simplemente se le deja libre.
- ¿Una libertad que los monjes también tienen?
A los monjes se les da una cierta libertad a pesar de lo estricto de las reglas ya que hay que tener en cuenta que han perdido todo el control sobre sus vidas. Creemos que podemos dar forma a nuestras vidas por nosotros mismos y que esa será la única manera de encontrar la felicidad. Ese es el motivo por el que tanta gente tiene miedo a la vida. El monasterio es un lugar libre de miedos. Uno tiene la edad que Dios le dice que tiene.
- En algunas escenas se aprecia algo casi infantil en los monjes.
Efectivamente. Por ejemplo, hay una escena en la que se deslizan por la montaña y se lanzan bolas de nieve unos a otros. Pero no debemos olvidar lo atléticos que son los monjes. Me ayudaron a subir todo el equipo a la montaña cuando yo no podía hacerlo. Incluso los que estaban en contra de la película participaron. Algo importante para mí era el contacto físico, porque, ¿Dónde está el contacto físico en un monasterio? Después de todo es un componente importante de la vida de todo ser humano. Este es el motivo por el que las escenas en la barbería, cuando se cortan el pelo, era tan importante o el momento en el que al viejo monje le frotan el cuerpo con un ungüento.
- ¿Cúal es la posición actual de los Cartujos?¿Cual es su influencia?
De nuevo son respuestas que se pueden obtener en muchos otros lugares. Yo no quise rodar una película sobre el monasterio sino una película sobre el hecho de ser un monje. Especialmente porque encuentro paralelismos con la vida de un artista y con mi día a día como director. Soy consciente de los muchos sacrificios que uno tiene que hacer por las cosas que quiere y como continuamente tienes que dejar de lado muchas otras cosas. En ambos mundos tratamos conceptos como la concentración, la percepción, el significado de lo que se hace…
- ¿Pueden o podrían los Cartujos ser artistas?
Por supuesto que sí. Uno de los monjes pinta, otro escribe poesía. Pero por encima de todo esto esta el concepto de humildad. Si uno de los monjes tiene tanto éxito que la atención que crea en los demás puede molestar a la comunidad en su día a día, el padre prior inmediatamente le pedirá que lo deje. Y el monje lo hará. Por tanto, una de las condiciones que me pusieron para rodar la película fue que yo podía participar en Festivales con ella pero nunca en competición.
- ¿Eres Católico?
Sí, me criaron en el Catolicismo. No estoy de acuerdo con muchas de las cosas que la Iglesia dice pero creo que sería una desgracia que el mundo en el que vivimos creciera sin tener ningún significado.
Entrevista a Philip Grönin, director de El gran silencio
Por Juan Orellana para Libertad digital
El documental El gran silencio, del director Philip Gröning, describe la vida dentro de la Gran Cartuja de Grenoble, monasterio situado a los pies de los Alpes franceses. Esta película ha obtenido el primer premio al mejor documental 2006 otorgado por el jurado de la European Film Academy, que ha destacado la “capacidad de narrar la mística de la fe y nuestra necesidad de calma y silencio, en contraste con la vida moderna”.
- ¿Por qué se decidió a hacer una película tan especial como El gran silencio, sobre la vida cartujana?
El cine es capaz de hablar de lo más sublime. Al principio la idea no era rodar una película sobre la vida en un monasterio sino sobre el tiempo. Fue después cuando me vino la idea del monasterio. Pero no quería hacer un típico documental informativo. Dentro de un monasterio nadie recibe “información” sobre el monasterio. El monasterio es un lugar donde puedes enfrentarte a ti mismo y a tus preguntas más profundas. Eso es lo que yo he intentado hacer. Vivimos en un mundo en el que circula información por doquier –y de hecho mucha gente me pregunta por qué no he contado en la película la historia de los Cartujos– pero yo creo que sobra información y lo que falta es la experiencia.
Lo que me ocurrió a mí es que nunca había visto un lugar donde la gente fuera tan alegre y tan libre, donde no existía el miedo. Porque nosotros vivimos en una sociedad cuyo motor principal es el miedo. Se piensa que el motor es el deseo de los bienes materiales, pero eso no es más que una forma de esconder el miedo que hay detrás. A mí me cambió ver en la Cartuja una vida marcada, no por el miedo, sino por la confianza total en que la vida va a mejor. Creemos que podemos dar forma a nuestras vidas por nosotros mismos y que esa será la única manera de encontrar la felicidad. Ese es el motivo por el que tanta gente tiene miedo a la vida. El monasterio es un lugar libre de miedos. Uno tiene la edad que Dios le dice que tiene.
- ¿Por qué no ha rodado en Alemania?
La Cartuja alemana es un edificio muy moderno, y yo quería hacer un film en el que también el espectador pudiera reconocer algo que está casi olvidado, como un hogar, nuestro hogar, el hogar de Europa culturalmente hablando, y eso en un edificio muy moderno no se puede evocar. Además la Cartuja en Alemania es mucho más estricta y no hubiera podido rodar el film.
- ¿Piensa que su película provocará un incremento de vocaciones?
La vida de los cartujos es una historia de lentitud. Por tanto, a lo mejor dentro de diez años habrá vocaciones a causa de este film.
- ¿Usted daba indicaciones a los cartujos, como si fueran actores?
Yo nunca les di la más mínima indicación. En un monasterio no les puedes decir: “Ahora reza con más energía, por favor”. Me limité a rodar lo que yo observaba: la Grande Chartreuse no imponía ningún tipo de condiciones excepto que no se utilizara luz artificial, que no se pusiera ninguna música adicional y que no se hiciera ningún comentario. Tampoco podía disponer de ningún equipo adicional, sólo podía estar yo. Estas condiciones encajaban perfectamente con mi concepto original, así que no fue ningún obstáculo para mí. Por otro lado, los únicos momentos en los que se habla, en la capilla y durante su paseo semanal, debían estar subtitulados (en total la película tiene doce subtítulos).
- ¿Cómo es posible que usted insistiera durante 16 años?
En realidad no es así. Lo primero, si yo les hubiera insistido durante 16 años, nunca me hubieran dejado hacer la película. Yo creo que me lo permitieron porque en esos años tuve unas cuantas conversaciones con el Prior, Prior distinto del que me ha había denegado el permiso en los años ochenta. Aquellas conversaciones eran de índole personal, sobre cosas de mi vida. Por ello comprendieron que yo no sólo quería sacar adelante mi película, sino que estaba personalmente interesado en lo que la Cartuja significa.
- ¿La película tiene alguna relación estética con el tenebrismo de Zurbarán o Ribera?
Yo no había oído hablar de Zurbarán antes de llevar mi película al Festival de Sevilla. Tengo que admitirlo. Por tanto, el claro-oscuro de mi película no trataba de imitar el estilo de Zurbarán. Lo que ocurre es que al no poder introducir luz artificial en la Cartuja sólo me quedaba la luz natural del monasterio que, en cierto modo es obra de los monjes, porque ellos construyen los monasterios de forma que la luz sólo pueda entrar de cierta manera. Zurbarán se encontró con esta luz de la misma manera que me la he encontrado yo. La belleza de esas imágenes es el fruto del trabajo de cientos de años de vida monástica hasta llegar a una forma tan perfecta de celdas, de muebles, de salas… Viven allí desde hace casi mil años y se han acostumbrado al lugar.
- ¿Por qué alterna imágenes con grano y otras más nítidas?
La película está rodada en dos formatos: Super8 tradicional, propio del cine amateur, y Video HD de alta definición. La alta definición tiene un problema y es que parece como si escondiera el tiempo, y yo no quería que los espectadores se encontrasen en un paraíso falsificado, como si pensaran que en un monasterio, con su ritmo fijo y ancestral, no pasa el tiempo. Tenía miedo de dar la impresión de que el tiempo se puede parar. Y no se puede. Siempre nos estamos moviendo hacia la muerte. Quería mostrar el tiempo biológico, “nuestro” tiempo, y a eso me ayudaba el Super8. Por otra parte, en el Monasterio hay lugares en que no se ve prácticamente nada. En realidad, si me hubieran dado permiso hace 20 años, técnicamente esta película no hubiera sido posible. En el momento del rodaje sólo estábamos usando la HD George Lucas (con La Guerra de las Galaxias), Lars von Trier (con Dogville) y yo. Incluso un año antes tampoco hubiera podido hacerla.
No sigo una estructura racional para elegir cuándo ruedo en Super8 o cuándo en HD. Rodé mucho material y he necesitados dos años y medio para hacer el montaje. Cualquier documental serio requiere al menos un año de montaje. Hay que estructurar el material muy delicadamente. Se necesita tiempo para ver lo que uno va haciendo. Hacer un cambio es fácil, pero hacer un juicio sobre si ese cambio es bueno o malo, hacia donde camina no lo es tanto. Yo partí de 170 horas de material rodado. Un documental de una hora suele contar con 90 horas de material.
- ¿Dónde reside el significado del film, en el contenido de los planos o en el montaje entre ellos?
Una imagen por sí sola es ambigua, pero la secuencia de muchas imágenes pensadas de cierta manera, con cierta luz… ya no es tan ambigua. Por un lado, el espectador siente que hay una libertad de interpretar la imagen, pero no es una libertad abstracta, está dirigida dentro de unos límites que te pone el director. Eso no impide que el espectador pueda hacer sus propias exploraciones. Es un equilibrio muy delicado que hay que mantener entre dirigir al espectador –incluso con mucha precisión– y su libertad. Con el cine se puede dirigir el pensamiento del espectador con una precisión muy grande. Yo he hecho experiencias cinematográficas en las que puedo garantizar que el 90 % de los espectadores hacían una asociación mental concreta ante determinada secuencia de imágenes. Una asociación distinta a lo que veían en las imágenes. Eso es porque todas las imágenes precedentes estaban organizadas de tal manera que cuando llegaba la imagen en cuestión el espectador ya había sido preparado para que se generara en él ese pensamiento determinado.
- ¿Por qué esa insistencia en filmar objetos?
Heidegger habla de que el ser humano debe aprender a percibir lo que es el ser, ser que se revela en los objetos, en la creación. Nosotros tenemos que ver en los objetos, en el mundo que nos rodea, un signo consolador: Las nubes, la mesa… son signos de que no estamos solos en el mundo. Hoy se ha distorsionado nuestra relación con los objetos, hemos dejado de descubrir su verdadero valor. Para los Cartujos no sólo el tiempo sino también el valor del trabajo y de los objetos parecen totalmente diferentes. Los Cartujos viven en la pobreza absoluta, pero son conscientes de su pobreza. Por ejemplo, el sastre guarda cada botón y cada trozo de tela. Cuando un monje muere los botones se reutilizan. En la película hay una escena en la que vemos la colección de botones en el taller del sastre. También hay cajas de hilos e incluso cada uno de los pequeños trozos de los hábitos de los monjes son reciclados. Si se observa de cerca los hábitos se puede ver que están hechos de pequeños trozos cosidos. Básicamente nunca se tira nada. Y todo el dinero que a finales de año no se ha gastado se dona. Así que nunca tienen dinero de sobra.
- ¿El film puede considerarse new age o de una espiritualidad abstracta?
En absoluto. El film es claramente cristiano. Se ve la Eucaristía, y cuando se habla de Dios, no se habla de un Dios budista, se ve la procesión del Corpus Christi; hay muchos símbolos cristianos que son claros, así como los textos de la Biblia, muy diversos del universo oriental. Además en los textos que se repiten se ve que se trata de una relación personal con Cristo, como los que hablan de la seducción o de dejar todo para seguirle a Él. Hay textos donde Cristo le habla directamente al espectador. O cuando dice “Yo me he vuelto humano, y si tú no te haces divino, no eres justo conmigo”.
Critica de Jerónimo José Martín (para la Linterna)
En 1984, el alemán Philip Gröning solicitó rodar un documental en el interior del monasterio cartujo del Grande Chartreuse, en los Alpes franceses. Dieciséis años después, fue por fin autorizado a hacerlo, con una serie de condiciones: entrar solo, no emplear iluminación artificial ni música adicional y no interferir en la vida cotidiana de los monjes. Esta última condición se la pudo saltar Gröning en una sensacional entrevista a un monje ciego, con la que culminan brillantemente las casi tres horas de película, en que decantaron sus 160 horas de filmaciones.
Acostumbrados a ritmos trepidantes y a perspectivas superficiales, cuesta entrar en este premiado ensayo poético: un sereno cóctel de silencio, belleza y oración, sólo roto por varias citas bíblicas, diversas miradas a cámara de los monjes y un par de cantos gregorianos. Pero, cuando uno asume su radical planteamiento contemplativo, disfruta con él, pues le permite atisbar las dimensiones más espirituales del ser humano, ésas que le ayudan a salir de uno mismo, encontrar un sentido al sufrimiento, y gozar de Dios y de la naturaleza, incluso de la más prosaica. En este sentido, resulta fundamental el hipnótico montaje de Gröning, que hace bascular la película entre un naturalismo sencillo pero exuberante, y un tenebrismo, íntimo y místico a la vez, cercano al estilo pictórico de Zurbarán.
Artículo en elPeriodico 20/11/2006, por Letizia Timon
Un proverbio hindú advierte de que, al hablar, el ser humano debe asegurarse de que sus palabras son mejores que el silencio. Tal vez es por eso que para los monjes cartujos el voto de silencio es uno de los más valiosos de la orden. Ese mundo sin palabras ha fascinado al director alemán Philip Gröning desde hace 16 años, y ahora por fin lo ha podido dar a conocer a través de su su última película documental, El gran silencio, que el viernes se estrena en las salas españolas.
En 1986, el prior del Grande Chartreuse, un monasterio ubicado en los Alpes franceses, le dijo que era demasiado pronto para rodar el día a día de la comunidad. Cuando, años después, recibió por fin el permiso, Gröning no dudó en coger su equipo y disponerse a pasar varios meses viviendo dentro de la comunidad y participando activamente de todos y cada uno de sus momentos.
El resultado fueron cerca de 120 horas de metraje que quedaron resumidas en 162 minutos en los que el cineasta considera haber conseguido “elaborar un estudio profundo del tiempo y crear una película que permitiera a los espectadores reflexionar sobre sí mismos”.
CINE “EN ESTADO PURO”
Para ello, y atendiendo también a los condiciones que le pusieron en la orden, Gröning ha realizado un filme sin más sonidos que los que le ofrecían el monasterio y sus actividades cotidianas, sin más música que las voces de los monjes y sus cánticos y sin más referencias que algunas breves citas religiosas sobreimpresas en la pantalla y el apunte final de uno de los hermanos, el único que habla a cámara durante todo el largometraje.“He vuelto al cine en estado puro porque la ausencia del lenguaje hace que las imágenes fluyan de un modo diferente”, señala el director alemán. Lo que, desde su punto de vista, permite que el espectador “pueda vivir una experiencia mucho más profunda”.
El rodaje en el monasterio no estuvo exento de dificultades y, de hecho, Gröning reconoce haberse desanimado en alguna ocasión. “No siempre era capaz de encontrar la imagen que necesitaba y sentía que no iba a poder lograrlo, pero al momento encontraba justo lo que buscaba en las cosas más sencillas”.
Esos hallazgos y la paradójicamente intensa sensación de compañía que le transmitían los monjes pese a la soledad en la que viven cambiaron su forma de ver la vida.”He aprendido a valorar mucho más las cosas pequeñas que normalmente pasan desapercibidas e incluso he reflexionado sobre la muerte”, subraya, haciendo referencia a una caída que tuvo durante el rodaje y en la que, pese a ser mortal, no sufrió ni un rasguño. Ahora opina que “todos tenemos nuestro momento”.
La película, que viene avalada por el Premio del Cine Europeo al mejor documental, por el Premio Especial del Jurado de Sundance y por su éxito en taquilla en Alemania e Italia, permite, tal y como destaca el cineasta, “que el espectador se libere durante unas horas de la burbuja de estrés en la que estamos irremediablemente inmersos”.
Entrevista a Philip Gröning, director de “El gran silencio”, por Fernando Gil-Delgado, para www.filasiete.com
“El gran silencio” ha sido recientemente premiado como Mejor Documental del año por los Premios de la Academia Europea de Cine. Este galardón se une a los ya obtenidos en los Premios del Cine Alemán (Mejor Documental) y el Festival de Sundance (Gran Premio del Jurado) entre otros.
- ¿Por qué esta película? Quiero decir, toda película es personal y biográfica…
Cuando uno hace una película no piensa en los espectadores, cuando se hace una película se quiere hacer algo personal y esta película yo la quería hacer porque sentía que era un desafío, el mayor desafío como realizador hacer una película que trabaja con el tiempo en tal profundidad. Y luego además yo sentía que la idea de la vida de un monje era algo que despertaba mi curiosidad, siempre me fascinó el que hubiera gente que viviera eso. Creo que también soy una persona fascinada por las elecciones radicales, y la elección que ellos han hecho es totalmente radical: vivir así, en la soledad, en una sencillez increíble y yo, por ejemplo, vivo una vida llena de stress y de distracciones y, cuando tenía veinticinco años, ya sabía que es muy importante vivir sin esas distracciones y llevar una vida sencilla. Personalmente ahora vivo una vida muy sencilla, nunca he vivido en el lujo, eso no me interesa para nada.
- ¿Es usted católico?
Sí, es importante decirlo, hay medios que dicen que soy agnóstico y no es cierto.
- Creo que es una clave importante para entender esta película, y ello me lleva a la segunda pregunta: cuando a usted le dijeron “es demasiado pronto” me pregunté “demasiado pronto” ¿para quién? ¿Para usted, para ellos (los monjes), para que el mundo recibiera este mensaje?
Sin duda alguna era demasiado pronto para todos. Sobre todo para mí, porque yo tenía veinticuatro años y no sabía hacer cine, bueno sí, acababa de hacer mi primer largometraje pero no sabía cómo hacer esto, habría sido un inmenso fracaso hacerlo con esa edad. Además, para ellos también era demasiado pronto. ¿Sabe? Para los monjes también hay generaciones, hay nuevas generaciones que entran en el monasterio, hay una nueva relación con los medios de comunicación. Y tiene usted razón, la película ha caído bien, cuando estuvo terminada llegó en un momento en el que el público ha estado muy receptivo, ha tenido un gran éxito en Italia, en Holanda, en Bélgica, en Alemania… hace veinte años la película no habría tenido este éxito.
- Y sin embargo las claves de la película son más difíciles de entender hoy que hace veinte años…
No estoy de acuerdo que el público tenga ahora más dificultad para entender este tipo de película que antes. He hecho esta película a propósito, y es cierto que durante los dieciséis años de espera hubo un momento en que mi productor me dijo “vamos a hacerla en un monasterio budista” y yo dije “no, porque yo no soy budista, nunca lo he sido, hacer eso sería hacer turismo religioso”. Por supuesto que tengo conflictos con el catolicismo, como todo el mundo. Si no tienes conflictos con una religión eso significa que no es la tuya. Si puedes entrar en una religión y decir “ahora que tengo cuarenta años y quiero abrazar otra religión porque no recuerdo nada de la religión de mi juventud, eso significa que se está evitando enfrentarse con uno mismo.
- Insisto, al espectador le cuesta entender lo que hacen los monjes…
No importa. La película no tiene que dar respuesta a todas las preguntas. Basta con que suscite el interés y la curiosidad del espectador.
- Está claro que no busca el efectismo. Usted no busca unas caras de monjes conmovedoras, son gente normal. Se ve su alegría en el momento de recibir al novicio africano.
Sí, se ve la alegría.
- Sí, sobre todo en los mayores, están radiantes. Y luego en las declaraciones finales del monje ciego, aquel de quien menos se esperaría. Esta alegría que debería ser la idea central, la alegría de estar con Dios y nada más, ¿cree usted que está conseguida, que era la única manera de mostrarla tal como ha quedado?
Yo no puedo hacer más de lo que puedo, como todo cineasta. Está claro que es el mundo de la alegría y creo que se ve claramente en el filme, y que hay muchos momentos muy luminosos. Pero también es cierto que en el monasterio se vive una vida muy austera y que carecen de muchas cosas que nosotros consideramos necesarias. Creo que basta hacer una estructura en la que cuando se ve claramente la alegría de los monjes, se transmite inmediatamente al espectador. Yo he visto en salas cómo los espectadores disfrutaban al ver a los monjes deslizarse por la nieve, y hay más, un momento en el que no hay más que unas peras sobre la mesa y la gente es feliz. Cuando se realiza un filme que es una experiencia hay momentos en los que el espectador es feliz también, y eso es lo que transmite la alegría de los monjes, más que ver a los monjes sonreír.
- ¿Cuánto tiempo estuvo en la cartuja? ¿Cuánto material filmó?
Estuve dos períodos, uno de cuatro meses y otro de dos meses, en dos años. Rodé unas 120 horas.
- Hay dos texturas muy diferentes en la película. ¿A qué se debe?
Trabajé con dos cámaras, una de alta definición y una de super 8. Me encanta el super 8, lo utilicé de niño. Quería mostrar una textura diferente, una mirada diferente para algunos detalles. El problema es que ahora, contrariamente a lo que esperaba, no se reconoce esa textura.
- No hay comentarios en off y en cambio sí hay rótulos, ¿por qué?
No puedes utilizar el lenguaje para describir un mundo que está por encima de él.
- Esos rótulos me han hecho pensar inmediatamente en Jean-Luc Godard, ¿es posible?
Absolutamente. Jean-Luc Godard es un gran cineasta que me gusta mucho.
- Se repite mucho la cita…
Hay dos citas esenciales que muestran las dos grandes ideas de la película: la renuncia absoluta, que se refleja en la cita “el que no renuncia a todo y me sigue no puede ser mi discípulo”, y la seducción por el amor de Dios, que se refleja en la cita “tú me sedujiste, Señor, y yo me he dejado seducir”.
Premios
Festival de Cine de Sundance 2006
Premio Especial del Jurado en la sección World Cinema Documental. Premios del Cine Europeo 2006
Premio al mejor documental German Film Critics Award 2005
Premio al Mejor Documental Bavaria Film Award 2006
Premio al Meior Documental Festival de Sao Paulo 2006
Gran Premio del Jurado al Mejor Documental

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El título en inglés es “Into great silence”
Puesto que el silencio es una elección quizá deberías romper el de ese ascensor que utilizas a diario para ir al trabajo, seguro que hay gente deseando compartir un simple saludo, o una sonrisa en ese momento, en muchas ocasiones son las cosas más sencillas las que dan sentido y luz a la vida.
¡Feliz año!
Por favor. Procuro sem sucesso uma cópia de El Gran Silêncio em espanhol ou quem sabe em português, sem sucesso. Existe cópias para se adquirir? Qual direción?