Archivo de la Categoría “Literature”

Cero coma veintitrés

De los muchos electródomésticos que su mujer tenía en casa, L. M. era el mejor de todos.

(Por L. M., autor del blog de microrrelatos 0,23 – 0,23 segundos es lo que dura un parpadeo. Y, también, lo que se tarda en leer la mayoría de las entradas de 0,23. Bienvenidos a su colección de cuentos breves. – )

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Johnny Welch, Don Mofles y Gabriel Carcía Márquez

Carta atribuida a Gabriel García Márquez, supuestamente enviada a sus amigos tras serle diagnosticado un cancer linfático en 1999.
Lo cierto es que este texto, titulado “La Marioneta”, corresponde (como aclaró en una entrevista el mismo García Márquez) a la obra “Lo Que Le He Enseñado a la Vida” del ventrílocuo mexicano Johnny Welch, que pone en boca de una de sus marionetas, Don Mofles.

Sea como fuere, creo que merece la pena dedicar un rato a leerla detenidamente.

“Si por un instante Dios se olvidara de que soy una marioneta de trapo y me regalara un trozo de vida, posiblemente no diría todo lo que pienso pero, en definitiva pensaría todo lo que digo.

Daría valor a las cosas, no por lo que valen, sino por lo que significan.

Dormiría poco y soñaría más, entiendo que por cada minuto que cerramos los ojos, perdemos sesenta segundos de luz.

Andaría cuando los demás se detienen, despertaría cuando los demás duermen, escucharía mientras los demás hablan, y cómo disfrutaría de un buen helado de chocolate…

Si Dios me obsequiara un trozo de vida, vestiría sencillo, me tiraría de bruces al sol, dejando al descubierto no solamente mi cuerpo sino mi alma.

Dios mío, si yo tuviera un corazón…

Escribiría mi odio sobre el hielo, y esperaría a que saliera el sol. Pintaría con un sueño de Van Gogh sobre las estrellas un poema de Benedetti, y una canción de Serrat sería la serenata que ofrecería a la luna.

Regaría con mis lágrimas las rosas, para sentir el dolor de sus espinas, y el encarnado beso de sus pétalos…

Dios mío, si yo tuviera un trozo de vida…

No dejaría pasar un solo día sin decirle a la gente que quiero, que la quiero. Convencería a cada mujer de que ella es mi favorita y viviría enamorado del amor.

A los hombres les probaría cuán equivocados están al pensar que dejan de enamorarse cuando envejecen, sin saber que envejecen cuando dejan de enamorarse.

A un niño le daría alas, pero dejaría que el solo aprendiese a volar. A los viejos, a mis viejos les enseñaría que la muerte no llega con la vejez sino con el olvido.

Tantas cosas les he aprendido a ustedes los hombres…

He aprendido que todo el mundo quiere vivir en la cima de la montaña sin saber que la verdadera felicidad está en la forma de subir la escarpada.

He aprendido que cuando un recién nacido aprieta con su puño por vez primera el dedo de su padre, lo tiene atrapado para siempre.

He aprendido que un hombre únicamente tiene derecho de mirar a otro hombre hacia abajo, cuando ha de ayudarlo a levantarse.

Son tantas cosas las que he podido aprender de ustedes, pero finalmente de mucho no habrán de servir porque cuando me guarden dentro de esta maleta, infelizmente me estaré muriendo… “

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VIRGILIO, UN HOMICIDA ADOLESCENTE O UN PERSONAJE INTELIGENTE

- ¿Qué hay después de la muerte?

- ¿Qué quieres decir?

- No pues eso, que qué pasa cuando mueres.

- Ah, pues nadie lo sabe a ciencia cierta. Resulta que respecto a eso tenemos distintas posturas; la de los que opinan que hay un mundo mejor; la de los que creen que no hay nada; los que creen que luego te reencarnas….

- Para el carro; no me refiero a tu mundo… me refiero al mío.

Pequeña pausa.

- No sé –contesto encogiéndome de hombros- Supongo que yo te he creado, si te mato, ya no eres… dejas de existir, sin más.

- ¿Entonces para qué me has creado?

- En realidad sin razón aparente. Un día me senté aquí y me puse a escribir, al principio sobre nada en particular, luego fui centrándome más y de pronto apareciste tú.

- Y no tengo ninguna función concreta… ningún fin.

- No. Solo eres.

- Entonces si un día decides no seguir escribiendo conmigo, yo moriré sin más. Simplemente así como una burbuja de jabón, que estalla en el aire y ya no queda ni el más mínimo vestigio de ella.

- No, no es así exactamente. El día que ya no escriba contigo tú ya no serás más de lo que has sido. Tu eres intemporal, mientras alguien te lea, tu eres, si por el contrario nadie te lee, o yo no te escribo, tu no eres. Si yo te escribo hoy pero mañana te hago desaparecer, tú no serás ni habrás sido para nadie.

- ¿Y para ti?

- Para mí ¿qué?

- Si me haces desaparecer me habrás leído. ¿Seré para ti, o no?

- Yo soy tu creador.

- Y yo no puedo hacer nada que tú no quieras que haga.

- No, en principio creo que no.

- Entonces yo soy tú.

- No, solo una parte de mí.

- Vamos a ver que me aclare. Yo no soy tú, pero tampoco soy distinto de ti. Lee el resto de esta entrada »

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Octavio Paz

Mi vida con la ola
(Octavio Paz)

Cuando dejé aquel mar, una ola se adelanto entre todas. Era esbelta y ligera. A pesar de los gritos de las otras, que la detenían por el vestido flotante, se colgó de mi brazo y se fue conmigo saltando. No quise decirle nada, porque me daba pena avergonzarla ante sus compañeras. Además, las miradas coléricas de las mayores me paralizaron.

Cuando llegamos al pueblo, le expliqué que no podía ser, que la vida en la ciudad no era lo que ella pensaba en su ingenuidad de ola que nunca ha salido del mar. Me miro seria: “Su decisión estaba tomada. No podía volver.” Intente dulzura, dureza, ironía. Ella lloro, grito, acaricio, amenazo. Tuve que pedirle perdón. Al día siguiente empezaron mis penas. ¿Cómo subir al tren sin que nos vieran el conductor, los pasajeros, la policía? Es cierto que los reglamentos no dicen nada respecto al transporte de olas en los ferrocarriles, pero esa misma reserva era un indicio de la severidad con que se juzgaría nuestro acto.

Tras de mucho cavilar me presente en la estación una hora antes de la salida, ocupé mi asiento y, cuando nadie me veía, vacié el depósito de agua para los pasajeros; luego, cuidadosamente, vertí en él a mi amiga.

El primer incidente surgió cuando los niños de un matrimonio vecino declararon su ruidosa sed. Les salí al paso y les prometí refrescos y limonadas. Estaban a punto de aceptar cuando se acerco otra sedienta. Quise invitarla también, pero la mirada de su acompañante me detuvo. La señora tomo un vasito de papel, se acerco al depósito y abrió la llave. Apenas estaba a medio llenar el vaso cuando me interpuse de un salto entre ella y mi amiga. La señora me miro con asombro. Mientras pedía disculpas, uno de los niños volvió abrir el depósito. Lo cerré con violencia. Lee el resto de esta entrada »

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Rafael Sánchez Ferlosio

Título: Vendrán más años malos y nos harán más ciegos
Autor: Rafael Sánchez Ferlosio
Ediciones Destino. Barcelona.
Octubre 2001. 202 páginas.
ISBN: 84-233-3360-4.

Portada

“Vendrán más años malos
y nos harán más ciegos;
vendrán más años ciegos
y nos harán más malos”.

Con estos versos inicia Rafael Sánchez Ferlosio este libro de aforismos, misceláneas, poemas, desafíos y felices invenciones, poco apto para mentalidades sumarísimas, corrosivo antídoto contra vetusteces, moderneces y sucedáneos fundamentados en el tiempo y en la necedad. Sus palabras nos llegan con fuerza desafiante y un estilo que está determinado por la falta de deliberación de quien toma apuntes durante treinta y cinco años sin pensar en publicarlos, resolviéndose sólo a dar pequeñas selecciones de los que tenían “cierto tono literario”.

En la palabra se manifiesta la salud de la razón, o su enfermedad, el escritor se sirve del lenguaje para la disección de conceptos, modas, ritos y refranes. El empeño es grande porque toda historia, toda visión encierra alguna trampa, y acaso el niño que osó decir que el emperador estaba desnudo, estaba pagado por el propio emperador. Aun así, y sin afán moralizante -aunque con el tono sardónico del que aprendió a ver sin caerse del caballo-, Sánchez Ferlosio reconoce el existir en ese despertarse cada noche, a la misma hora, golpeado siempre contra las mismas piedras, por los mismos demonios y en las mismas llagas. Reconoce ese existir, y nos lo cuenta. Cruda y desnuda memoria, sin agüeros buenos o malos Lee el resto de esta entrada »

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Francisco Guarro

I

¿Hasta dónde llega la realidad?, ¿hasta dónde la imaginación?. ¿Quién marca los límites entre las dos?. Quizá cada uno de nosotros; quizá sólo uno mismo en su interior sea capaz de separar lo real de lo imaginario. En este mundo todo está mediatizado, todo va deprisa y sin descanso. Pretendemos obtener más y más, y por el camino nos vamos dejando lo mejor de nosotros mismos.

La vida en la ciudad nos manipula, nos agobia y ahoga nuestros sueños y nuestras metas, y una de las cosas que antes perdemos es nuestra ingenuidad, nuestra parte infantil, el recuerdo de aquel niño que jugaba con un aro, o una pelota de fútbol remendada y con forma oval, que reunía en torno a si a los niños del barrio, y que les ayudaba a pasar la tarde olvidándose de los problemas y de los sinsabores que, ya en su corta existencia, les había obsequiado la vida en la ciudad.

Sin embargo hay todavía una raza especial de hombre que, integrados en la violenta espiral de la vida moderna, adaptados a sus exigencias, e intentando mantenerse firmes en un mundo con unas reglas que no son las suyas y en un juego al que no han sido invitados, sino obligados, son capaces, durante los días de descanso y atontamiento del monstruo urbano, de escaparse de puntillas, sin que nadie les escuche, a ese paraje, a esa raña o a esa sierra que les devuelve a la infancia; a ese valle donde sentados sobre una peña son capaces de intuir la magnificencia de la montaña que se erige frente a ellos, el grandioso volar de un águila entre las cimas, o los acrobáticos giros de un mirlo entre las jaras en un vuelo rasante. Lee el resto de esta entrada »

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Juan Gelman
Foto: Begoña Rivas

Premio Cervantes 2007 – Discurso de Entrega

“…
Creo, sin embargo, como el historiador y filósofo Juan Carlos Rodríguez, que el Quijote es una gran novela de amor. Del amor imposible. En el amor se da lo que no se tiene y se recibe lo que no se da y ahí está la presencia del ser amado nunca visto, el amor a un mundo más humano nunca visto y torpemente entrevisto, el amor a una mujer que no es y a una justicia para todos que no es. Son amores diferentes pero se juntan en un haz de fuego. ¿Y acaso no quisimos hacer quijotadas en alguna ocasión, ayudar a los flacos y menesterosos? ¿Luchando contra molinos de aspas de acero, que ya no de madera? ¿Despanzurrando odres de vino en vez de enfrentar a los dueños del dolor ajeno? ¿”En este valle de lágrimas, en este mal mundo que tenemos -dice Sancho-, donde apenas se halla cosa que esté sin mezcla de maldad, embuste y bellaquería”?

Pero volviendo a algunos párrafos atrás: hay tanto que decir de Cervantes, de este hombre tan fuera del uso de los otros. De sus neologismos, por ejemplo. Salvo él, nadie vio a una persona caminar asnalmente. O llevar en la cabeza un baciyelmo. O bachillear. Don Quijote aprueba la creación de palabras nuevas, porque “esto es enriquecer la lengua, sobre quien tienen poder el vulgo y el uso”. Hace unos años ciertos poetas lanzaron una advertencia en tono casi legislativo: no hay que lastimar al lenguaje, como si éste fuera río coagulado, como si los pueblos no vinieran “lastimándolo” desde que empezaron a nombrar. Cuando Lope dice “siempre mañana y nunca mañanamos” agranda el lenguaje y muestra que el castellano vive, porque sólo no cambian las lenguas que están muertas. La lengua expande el lenguaje para hablar mejor consigo misma.

Esto exige que el poeta despeje en sí caminos que no recorrió antes, que desbroce las malezas de su subjetividad, que no escuche el estrépito de la palabra impuesta, que explore los mil rostros que la vivencia abre en la imaginación, que encuentre la expresión que les dé rostro en la escritura. El internarse en sí mismo del poeta es un atrevimiento que lo expone a la intemperie. Aunque bien decía Rilke: “[...] lo que finalmente nos resguarda/es nuestra desprotección”. Ese atrevimiento conduce al poeta a un más adentro de sí que lo trasciende como ser. Es un trascender hacia sí mismo que se dirige a la verdad del corazón y a la verdad del mundo. Marina Tsvetaeva, la gran poeta rusa aniquilada por el estalinismo, recordó alguna vez que el poeta no vive para escribir. Escribe para vivir.”

Juan Gelman en el momento de la entrega del premio Cervantes 2007
Foto: Pool

Discurso pronunciado por Juan Gelman durante la ceremonia de recogida del premio Cervantes 2007
Descargar discurso en formato .pdf: Aquí

Majestades, Señor Presidente del Gobierno, Señor Ministro de Cultura, Señor Rector de la Universidad de Alcalá de Henares, autoridades estatales, autonómicas, locales y académicas, amigas, amigos, señoras y señores:

Deseo, ante todo, expresar mi agradecimiento al jurado del Premio de Literatura en Lengua Castellana Miguel de Cervantes, a la alta investidura que lo patrocina y a las instituciones que hacen posible esta honrosísima distinción, la más preciada de la lengua, que hoy se me otorga. Mi gratitud es profunda y desborda lo meramente personal. En el año 2006 se galardonó con este Premio al gran poeta español Antonio Gamoneda y en el 2007 lo recibe también un poeta, esta vez de Iberoamérica. Se premia a la poesía entonces, “que es como una doncella tierna y de poca edad y en todo extremo hermosa” para don Quijote, doncella que, dice Cervantes en “Viaje del Parnaso”,

“puede pintar en la mitad del día
la noche, y en la noche más escura

el alba bella que las perlas cría…

Es de ingenio tan vivo y admirable
que a veces toca en puntos que suspenden,
por tener no se qué de inescrutable”. Lee el resto de esta entrada »

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Miguel de Unamuno

Alma vasca (Miguel de Unamuno)

«Egi alde guztietan
Toki onak badira
Bañan biyotzak diyo
Zoaz Euskalerrirá.»
Iparraguirre

No se conoce a uno sino por lo que dice y hace, y el alma de un pueblo sólo en su literatura y su historia cabe conocerla –tal es el común sentir. Es hacedero, sin embargo, conocer a un pueblo por debajo de la historia, en su obscura vida diaria, y por debajo de toda literatura, en sus conversaciones.

«Si los pueblos sin historia son felices, felicísimos han sido los vascos durante siglos y siglos», dijo de nosotros Cánovas del Castillo. De esta felicidad secular arranca nuestra juventud, una juventud amasada durante siglos. Pero ¿es que no hemos tenido historia? ¿Nos han faltado Aquiles u Homeros que los hayan cantado? «El pueblo inglés es un pueblo mudo; pueden cumplir grandes hazañas, pero no describirlas», dijo de su pueblo Carlyle, y con más razón que él del suyo puedo yo decirlo del mío. Y así como Carlyle añadía que su poema épico, el de los ingleses, está escrito en la superficie de la tierra, así añado yo que, más modestamente y más en silencio aún, ha escrito en la superficie de la tierra y en los caminos del mar su poema mi raza, un poema de trabajo paciente, en la América latina más que en otra parte alguna.

Durante siglos vivió mi raza en silencio histórico, en las profundidades de la vida, hablando su lengua milenaria, su eusquera; vivió en sus montañas de robles, hayas, olmos, fresnos y nogales, tapizadas de helecho, argoma y brezo, oyendo bramar al océano que contra ellas rompe, y viendo sonreír al sol tras de la lluvia terca y lenta, entre jirones de nubes. Las montañas verdes y el encrespado Cantábrico son los que nos han hecho. Lee el resto de esta entrada »

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Rafael Sánchez Ferlosio

De la paciencia

Hay quien afirma, muy convencido, que las cosas de este mundo van ahora peor que nunca. ¿Peor que nunca? Notemos que el mismo que dice esto afirma también que dentro de poco irá todo mejor que nunca. Son cosas que decimos los jóvenes: nuestro entusiasmo nos lleva a creer que vivimos en la época más importante de la historia del mundo. Por eso nos lanzamos a la calle de golpe y nos damos a un trabajo inútil, atropellado, exterior a nosotros mismos, y nos dedicamos a buscar con estúpida vanidad el heroísmo. Y todo lo que decimos está lleno de una mística retórica, absurda, mientras nuestra alma y nuestro cuerpo siguen sin hacer nada más que zarandearse de acá para allá locamente.

Y es que anda muy escasa la virtud de la Paciencia. Entendamos por paciencia, no sólo una virtud que en ocasiones de la vida cotidiana nos hace resistir las pequeñas molestias, sino más bien una actitud total y armónica ante la vida que nos hace acomodar nuestros impulsos y nuestros deseos a la monotonía del tiempo (a esa monotonía riquísima, madre de toda virtud y de todo buen pensamiento que nos parece tan prosaica). Sencillamente: la Paciencia es el arte de no coger la pera antes de tiempo y de saber cultivarla. Lee el resto de esta entrada »

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ASÓMATE A LA VENTANA

“La hija callaba
Y de vez en cuando se sonreía”
(Miguel de Cervantes)

Capítulo 1

“Contemplando
Como se pasa la vida
Como se viene la muerte
Tan callando”(Jorge Manrique)

Negro. Pero del todo. Por mucho que me esfuerce no consigo ver nada, ni siquiera un reflejo. En Madrid siempre se filtra alguna luz de la ciudad, incluso con las persianas bajadas. Aquí es la oscuridad absoluta. Así sólo se puede estar en el campo. En casa si no es la luz del teléfono, es un brillo intermitente que te recuerda que algún día se fue la luz y que nunca volviste a poner el vídeo en hora, cuatro ochos se encargan de ello.

La oscuridad es total. ¿Será así como vean los ciegos? Por mucho que abra los ojos es igual. Con el silencio pasa algo parecido, tampoco sería posible así en la ciudad. Un rato, en medio de la noche, puede que sí pero enseguida una tubería que decide estirarse, un camión de la basura o una alarma que se chiva de algo. Aquí es al contrario. Sólo lo interrumpe el río, y ese arrullo del agua que acompaña, te mece y te envuelve. Probablemente por eso me había sentido como de vuelta en casa. El agua corriendo, siempre de fondo. Ruido continuo, sin ritmo ni cadencia. Las fuentes en Granada sonaban así, aunque más discretas. Agua domesticada. Lee el resto de esta entrada »

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LOBOS (Cuento)

I.

Era una noche oscura, tenebrosa, fría. El vaho se hacía presente en cada respiración y la nariz enrojecida dejaba escapar hilillos de mocos húmedos y líquidos que de vez en cuando se limpiaba con la manga del chaquetón. Poco a poco la luna fue ascendiendo, y las sombras se fueron formando alrededor, simulando figuras nada halagüeñas que incitaban en su imaginación pensamientos oscuros que le hacían mantenerse tenso, respingando a cada sonido del monte que en otras circunstancias habría ignorado.

La ignorancia en el monte es la semilla del miedo, cualquier animal, por pequeño que sea produce ruidos, ruidos que en noches como aquella y cuando se acecha al señor de los bosques se amplifican y demonizan.

Para nuestro protagonista el señor de los bosques no era el venado, que sin duda merecería un apelativo parecido, sino que era el misterioso y desconcertante lobo, el único animal al que en aquellos momentos le atribuía el mágico don de desplazarse sin producir el más mínimo sonido, capaz de asaltarte por detrás, arrancarte la garganta de un mordisco y desaparecer antes de que cayeras al suelo… movió bruscamente la cabeza para eliminar esos desasosegados pensamientos y desterrarlos lo más lejos posible, después de todo era un cazador de lobos, y lo había sido durante toda su vida; desde que su abuelo, con apenas cinco años le había llevado a su primera espera; desde que poco después participó en su primera batida; y luego había llevado a cabo una persecución que le había hecho famoso en muchos pueblos de la sierra donde nunca se cansaban de agradecerle sus desvelos por eliminar tal o cual macho que despistaba a los mastines aprovechando el celo de su hembra o atrayéndoles hacia él mientras sus congéneres hacían estragos entre los rebaños, haciendo caso omiso a los gritos del pastor… ya se sabe, cuando el hambre aprieta. Lee el resto de esta entrada »

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“La novela es una colaboración a partes iguales entre el escritor y el lector, y constituye el único lugar del mundo donde dos extraños pueden encontrarse en condiciones de absoluta intimidad.”

Paul Auster en el momento de la lectura de su discurso de aceptación del Premio Príncipe de Asturias

Discurso de aceptación del Premio Príncipe de Asturias de las Letras 2006
Fuente: www.fundacionprincipedeasturias.org

No sé por qué me dedico a esto. Si lo supiera, probablemente no tendría necesidad de hacerlo. Lo único que puedo decir, y de eso estoy completamente seguro, es que he sentido tal necesidad desde los primeros tiempos de mi adolescencia. Me refiero a escribir, y en especial a la escritura como medio para narrar historias, relatos imaginarios que nunca han sucedido en eso que denominamos mundo real. Sin duda es una extraña manera de pasarse la vida: encerrado en una habitación con la pluma en la mano, hora tras hora, día tras día, año tras año, esforzándose por llenar unas cuartillas de palabras con objeto de dar vida a lo que no existe…, salvo en la propia imaginación. ¿Y por qué se empeñaría alguien en hacer una cosa así? La única respuesta que se me ha ocurrido alguna vez es la siguiente: porque no tiene más remedio, porque no puede hacer otra cosa. Lee el resto de esta entrada »

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Panoramica de Estambul

Que se puede decir de Estambul, no existen palabras para describirla, no obstante, os adjunto una carta de mi tia Isa publicada hace un tiempo en “El País Semanal” a raíz de un artículo de Orhan Pamuk en la misma revista, titulado “Mi Estambul secreto” (que también incluimos a continuación)

Llevo toda mi vida, y no es corta, leyendo El País Semanal, nunca he sentido la necesidad de escribiros, siempre me he guardado mis opiniones, pero después de leer el reportaje de “Mi Estambul secreto” me lleva rondando la idea de compartir lo que pienso con vosotros. El reportaje escrito por el magnifico Orhan Pamuk es precioso, pero lo que me impacto muchísimo han sido las miradas,(para mi las fotografías son miradas) de Álvaro Leiva, quiero felicitarlo, ha sabido captar el alma de Estambul, ese alma que nos cuenta Pamuk. Al mirarlas he sentido la humedad, el olor, los sonidos, la luz de la ciudad, todo lo que me impactó, ¡gracias!, ¡muchas gracias…!. Lee el resto de esta entrada »

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El mejor libro de los leidos este verano, cada página es un pozo del que se puede sacar un sin fin de lecciones para la vida. Su autor, un ser capaz de concluir tras su cruel experiencia en los campos de concentración que:

“La Historia nos brindó la oportunidad de conocer al hombre quizá mejor que ninguna otra generación. ¿Quién es, en realidad, el hombre? Es el ser que siempre decide lo que es. Es el ser que inventó las cámaras de gas pero también es el ser que entró en ellas con paso firme y musitando una oración.”

“Lo que de verdad necesitamos es un cambio radical en nuestra actitud frente a la vida. Debemos aprender de nosotros mismos, y también enseñar a los hombres desesperados que en realidad no importa que no esperemos nada de la vida, sino que la vida espere algo de nosotros. Dejemos de interrogarnos sobre el sentido de la vida y, en cambio, pensemos en lo que la existencia nos reclama continua e incesantemente. Y respondamos no con palabras, ni con meditaciones, sino con el valor y la conducta recta y adecuada. En última instancia, vivir significa asumir la responsabilidad de encontrar la respuesta correcta a las cuestiones que la existencia nos plantea, cumplir con las obligaciones que la vida nos asigna a cada uno en cada instante en particular.”

Portada del Libro

¿Tiene sentido el sufrimiento? ¿Podemos aprender de él, hacernos, a través de él, mejores? Dostoievski definió al hombre como «el ser que se acostumbra a todo». Incluso a los campos de exterminio. Víctor Frankl, psicólogo y neurofisiólogo, estuvo recluido en Auschwitz, y pudo salir con vida. En este libro no nos ofrece su experiencia personal de la vida en el campo de concentración, sino un análisis de la vida humana en sus condiciones más inhumanas, a la luz de la psicología; en suma, una psicopatología de la vida en cautiverio. Pero no se trata sólo, ni acaso principalmente, de eso, sino de encontrar el sentido de la vida incluso allí donde parece imposible encontrarlo, en el más atroz sufrimiento.

FICHA TÉCNICA
Autor: Viktor E. Frankl
Título original: Ein Psychologe erlebt das Konzentrationslager
Editorial: Herder
Traducción: Christine Kopplhuber y Gabriel Insausti Herrero
Prólogo de: José Benigno Freire
Idioma original: alemán
Fecha de aparición: 15/08/2004
160 Pág. – 14,1 x 21,6 cm.
2ª ed.
ISBN 84-254- 2331-7

Para descargar el libro en formato .pdf: El hombre en busca de sentido

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In memoriam (1935 – 2007)…

Francisco Umbral junto a una foto de su hijo

y como mejor que con las palabras que escribió tras la muerte de su hijo a causa de la leucemia, al que dedicó el libro “Mortal y Rosa”

Sólo encontré una verdad en la vida, hijo, y eras tú. Sólo encontré una verdad en la vida y la he perdido. Vivo de llorarte en la noche con lágrimas que queman la oscuridad. Soldadito rubio que mandaba en el mundo, te perdí para siempre. Tus ojos cuajaban el azul del cielo. Tu pelo doraba la calidad del día. Lo que queda después de ti, hijo, es un universo fluctuante, sin consistencia, como dicen que es Júpiter, una vaguedad nauseabunda de veranos e inviernos, una promiscuidad de sol y sexo, de tiempo y muerte, a través de todo lo cual vago solamente porque desconozco el gesto que hay que hacer para morirse. Si no, haría ese gesto y nada más.

Qué estúpida la plenitud del día. ¿A quién engaña este cielo azul, este mediodía con risas? ¿Para quién se ha urdido esta inmensa mentira de meses soleados y campos verdes? ¿Por qué este vano rodeo de la muerte por las costas de la primavera? El sol es sórdido y el día resplandece de puro inútil, alumbra de puro vacío, y en el cabeceo del mundo bajo un viento banal sólo veo la obcecación vegetal de la vida, su torpeza de planta ciega. El universo se rige siempre por la persistencia, nunca por la inteligencia. No tiene otra ley que la persistencia. Sólo el tedio mueve las nubes en el cielo y las olas en el mar.

Francisco Umbral – “Mortal y Rosa”, 1975

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