Pablo Romero Montesino-Espartero: Mar bella, Mar cruel
En los recónditos rincones de mi memoria, guardo de ti los mejores y los peores recuerdos. Con la mirada perdida en el inalcanzable horizonte, me ha admirado siempre tu grandeza que llega hasta el paroxismo, cuando la bóveda celeste se funde contigo en el infinito y las estrellas una a una se van hundiendo en tus aguas por el poniente. Te he contemplado en tu belleza, abarcada por arco iris de Luna y de Venus y te he visto ascender hacia las nubes convirtíendo tu superficie en cataratas invertidas. Te he visto bella en el Tirreno rodeando a Stromboli y a Vulcano, y emerger de tus aguas rizadas, el Aconcagua en el Pacífico o el Teide en el Atlántico. Ante mis ojos cambiaste infinitas veces en tu extensa gama de colores, del gris profundo, al verde somero, del rojo de mar enferma, al marrón del delta; del negro tenebroso del ciclón tropical, al azul que te define; del turquesa de arrecife coralino, al amarillento en la tormenta de arena en el Mar Rojo.
Eres por tu poder y belleza, por los misterios que escondes y por tu romántica visión cuando la luna se ve reflejada en tus aguas, fuente de inspiración y de aventuras para el hombre y de pasión para la fémina. Para nosotros, marinos de la mar océana, eres nuestro pan, nuestras alegrías y penas, nuestras nostalgias y nuestro miedo ante el peligro temido y cierto a ser como otros, arrastrados por ti a la muerte.
Yo te he visto alzarte en montañas de agua convirtiendo a mi barco en un juguete sobre el cual caías rompiéndolo, zarandeándolo, retorciéndolo y sumergiéndolo bajo tu peso desde la proa al puente, y como si de una montaña rusa se tratara, le hacías descender hasta lo más profundo del seno de tu ola, obligándole a emerger tras un esfuerzo titánico de las fuerzas físicas que rigen la flotabilidad de los cuerpos, mientras en el puente rezábamos en silencio.
Te he visto encrespada por el viento huracanado que deformaba nuestras caras y hacía que las crestas de tus olas volaran convertidas en penachos de espuma blanca, que barriendo con inusitada furia la cubierta de mi barco, me obligaban a respirar en el ambiente, agua en suspensión.
En el Canal de la Mancha, en el Mar del Norte y el Báltico, tus traidoras nieblas, me han metido el miedo entre pecho y espalda, cuando sin más medios que mis ojos en ceguera casi absoluta, barcos en todas direcciones y con medios más modernos, se cruzaban en mi derrota.
Te he visto al paso del ciclón en el Caribe, tornarte rosada y bella con ventolinas impregnadas de olor a tierra mojada, o en las noches de tormentas tropicales que cargaban el ambiente de electricidad, iluminarte como bajo el sol.
Ahora, en mi lejanía de tus orillas, me siento huérfano de ti y sueño despierto que voy en el puente de mi barco, sintiendo en mi rostro la caricia de tus brisas, el sabor salobre en mis labios, el monótono transcurrir del agua por los costados rodeados de fluorescencia, el olor a algas de un mar profundo, el firmamento abrazándolo todo…
Category: Photo gallery, Travel & Sports, Uncategorized








